La firma consultora Gartner, en su último informe, enseñó que en una región como Europa, existe un mercado de 3,300 millones de euros destinado a los fabricantes de software de seguridad informática, quienes se constituyen en el principal rubro de programación a nivel mundial.
Además, los nuevos tipos de amenaza estarían suscitando un fenómeno de proliferación de firmas, cada una de ellas especializada en elaborar programas con una compleja arquitectura para contrarrestar los efectos de virus y software malicioso, igualemente complejos.
De hecho, según el estudio de Gartner, el panorama actual de la seguridad informática está llevando al desarrollo de productos cada vez más específicos que para una misma empresa resulta casi que imposible englobar completamente.
A este negocio altamente rentable corresponde otro de iguales, y para algunos mayores proporciones, como es el de la delincuencia cibernética o “hi-tech crime” como lo llama Symantec, la firma de seguridad informática que da cuenta del enorme crecimiento de la economía subterranea de los hackers.
Consultados por la BBC, los expertos de Symantec, hablan de una “industria multi-billonaria” que se nutre gracias a los ataques contra entidades financieras, pero también con la venta de bases de datos y de números de tarjetas de crédito, así como con la comercialización de manuales de instrucción a cybercriminales novatos.
Este comercio de conocimiento criminal estaría demostrado, según la firma de seguridad informática, por un hecho contundente: las mismas tres arquitecturas estuvieron detrás del 42 por ciento de los ataques con “phishing” -suplantación de sitios o personas para obtener información confidencial- que se registraron durante los primeros seis meses del año.
Los expertos de Symantec aseguraron que el modus operandi de los hacker cambió en los últimos tiempos y ahora el blanco hacia el cual apuntan son los pequeños bancos o corporaciones financieras que carecen de los recursos que le permitan proteger sus redes contra ataques altamente elaborados.