Si usted está leyendo este artículo, tiene un buen motivo para dar algunos saltos de alegría: significa que logró salvarse de la censura. Un estudio realizado en cuarenta países, revela que el uso de las tijeras se está extendiendo a cada vez más rincones, esquinas, curvas y rectas de la red de redes.
La investigación forma parte de la "OpenNet Initiative", un proyecto conjunto de la Escuela de Derecho de Oxford y las universidades de Toronto, en Canadá y Cambridge y Oxford, en el Reino Unido.
Al menos diez de esos países se han convertido en lo que los expertos llaman "bloqueadores omnipresentes", evitando que sus ciudadanos puedan acceder a una amplia gama de materiales en internet.
El informe pone a la luz una de las encrucijadas que afronta en el siglo XXI un sistema de comunicación que sus papás soñaron con todas las libertades, pero que en la actualidad no sólo es presa de regímenes políticos sino también de batallas corporativas.
Más allá de las fronteras
El principio de soberanía de los estados nacionales constituye el principal choque a estas libertades.
Según la investigación, existe una gran tendencia a ir en la dirección inversa a la expansión de estas libertades. Los casos más alarmantes se dan en China, Irán, Arabia Saudita, Túnez, Birmania, Uzbekistán y Cuba, pero a éstos se suman otros.
Una de las más recientes muestras la dio Egipto, donde un tribunal sentenció a cuatro años de prisión a un blogger de 22 años al que encontró culpable de insultar a la religión y al presidente Honsi Mubarak en artículos publicados en 2004 en internet.
Otro ejemplo lo dio Turquía con su intento de aplicar una ley nacional que prohíbe cualquier
crítica o ataque a su héroe nacional, Mustafa Kemal Atatürk.
Griegos y turcos se enfrascaron en intercambios de insultos a través de la popular página YouTube en el que se pudo en duda las inclinaciones sexuales del "padre de la moderna Turquía", entre otras cosas.
La justicia ordenó al principal proveedor de servicios de internet Türk Telekom que bloqueara al sitio en el país, algo que ocurrió el 6 de marzo pasado y duró tres días hasta que YouTube removió el material considerado "ofensivo".
Estas batallas entre las libertades de expresión y el poder de los estados ha llevado a varias organizaciones de derecho humanitario a tomar partida a favor de los ciudadanos.
Amnistía Internacional creó incluso una página tendiente a combatir la censura política en internet: irrepressible.info.
La batalla corporativa
En la era de la globalización, esta batalla entre ciudadanos y el poder político por la libertad de información se ha extendido a las corporaciones.
Prueba de ello es la demanda presentada esta semana ante los tribunales estadounidenses por el grupo Viacom contra Google y su sitio de videos YouTube por US$1.000 millones.
La batalla por los derechos de propiedad intelectual, así como por los derechos políticos es bien conocida por todos.
Lo que quizás no se conoce muy bien es la batalla de las compañías para distribuir información y entretenimiento en todo el mundo a través de internet desafiando leyes, regulaciones locales y por sobre todo a la competencia.
El caso de las operaciones en China del buscador Google y de Microsoft demuestra a las claras que cuando se trata de abrir mercados un poco de autocensura no viene nada mal.
En efecto, ambas empresas acordaron arrancar de raíz cualquier rastro de la palabra "democracia" de sus servicios de blogging.
Censurarte mejor
Y aunque no sea visto como una censura política, lo que ocurre con Google en Escandinavia también es para muchos un digno caso de censura, ya que sólo se puede acceder a la versión del buscador en las lenguas locales.
Cuando las corporaciones no se autoimponen las restricciones, son los países o las empresas las que mejoran los sistemas de filtros a la información en la red de redes.
Varios especialistas dicen que cada vez más países están aprendiendo de cómo China hace su trabajo de censura.
De lo que pocos hablan o conocen es de que en este trabajo de tijeras cibernéticas, cada vez más empresas privadas, especialmente en Estados Unidos y otros países democráticos y liberales, desarrollan la tecnología de avanzada.
Algunas de ellas producen y venden herramientas de filtrado que identifican palabras o términos "no deseados" y bloquean el acceso de los usuarios.
En otros casos, las compañías privadas entran en lo que se ha dado en llamar la "ciberguerra de guerrillas", con técnicas de "fuerza bruta", que a través de ataques informáticos buscan destruir no sólo el material que se quiere censurar sino incluso los mismos servidores.
Si usted llegó a este punto del artículo, salte nuevamente, pero esta vez hacia la impresora. ¡Quién sabe cuánto podrá durar en la internet!